¿Tu perro, antes incansable, ahora prefiere una siesta a un paseo? Este suele ser uno de los primeros signos de envejecimiento. Las largas persecuciones tras la pelota se convierten en breves paseos por el jardín, y las siestas se alargan. Esta disminución de la actividad no es necesariamente un signo de enfermedad, pero merece atención: un ritmo más relajado, paseos más cortos y, sobre todo, mucho cariño.